La semilla musical se plantó en la infancia de Víctor Navarro. Desde los 8 hasta los 20 años, formó parte de la escuela del Orfeón Portuense de su ciudad natal. Durante esta etapa, tanto como Pueri Cantor en la Escolanía como en la Coral Juvenil, recibió una sólida formación clásica en canto, piano y lenguaje musical.
Esta inmersión de muchos años le permitió profundizar en los grandes compositores del Renacimiento europeo. Su obra se nutre del legado de maestros como Clément Janequin, Josquin Desprez y Cristóbal de Morales, pasando por la polifonía de Francisco Guerrero, Tomás Luis de Victoria, Giovanni Pierluigi da Palestrina, Claudio Monteverdi y Orlande de Lassus, tanto en versiones para voces blancas como SATB.
Sus composiciones hasta la fecha tienen un marcado carácter de música sacra, muy influenciado por ese aprendizaje vital. Destacan piezas para voces iguales, como un Ave María y una Misa breve (Kyrie, Sanctus y Agnus Dei), hasta obras para voces mixtas (SATB) como Stella Coeli Extirpavit: Antiphon against the Black Death —escrita en homenaje a los fallecidos por el COVID-19 como un paralelismo histórico a la peste— y un ambicioso proyecto de una Misa de Réquiem, del que destaca la pieza 'XII: In paradisum'.
"Cantate Domino canticum novum, quia mirabilia fecit."
— Psalmus 97
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